Bares, qué lugares tan gratos para conversar…
Lo dijo Gabinete Caligari, un grupo de rock de la Movida madrileña. La vida nocturna, la de las salas, los bares y la música, siempre ha ocupado un lugar destacado en la esfera cultural española. Sí, los bares son gratos para conversar, pero también para descubrir, escuchar y sentir la música. Fue así en los años 80, los de la Movida, precisamente; y continuó siéndolo después.

En los años 90 nació en España la música independiente, un fenómeno que, como su nombre indica, pretende ser independiente de las discográficas, los sellos e, incluso, las expectativas del público, y que va más allá del indie, pues engloba numerosas propuestas y estilos que difieren entre sí. Los primeros grupos de música independiente españoles surgieron como una reacción contra el tinte convencional y comercial hacia el que había derivado la Movida, y se dispersaron por bares, locales y festivales a lo largo del país. Algunas de esas salas ya eran míticas de la Movida madrileña, como La Vía Láctea o El Penta, en Malasaña, que en esta década de los 90 acogieron entre sus paredes a los músicos independientes de la nueva esfera cultural, y que hoy continúan abiertos.
De hecho, en la eclosión de la música independiente española jugaron un papel esencial las salas y locales que cobijaron, y siguen haciéndolo hoy en día, a los músicos de algunas de las bandas más célebres o interesantes de este movimiento. Fue clave, por ejemplo, la Sala Maravillas (hoy Maravillas Club), también en el barrio de Malasaña. La sala fue inaugurada el 17 de abril de 1993 con un concierto de Los Planetas, entonces un grupo de jóvenes granadinos desconocidos que, a raíz de esta actuación, consiguió un contrato discográfico y se convirtió en uno de los principales representantes del movimiento indie español.
Este local está ligado, además, alFestival Internacional de Bennicàssim (FIB), pues sus dueños, Miguel y José Morán, montaron en 1995, junto a otros socios, este macrofestival de música, hoy en día uno de los más importantes a nivel nacional.
Pero la música en vivo no solo se disfruta en Malasaña, y no son estas las únicas salas de renombre en la historia de la noche madrileña.
En la Calle Costanilla de los Ángeles, perpendicular a Gran Vía, se erige el Café Berlín, legendario club de jazz que, tras cuarenta años de música en directo, se vio obligado a cerrar sus puertas en 2016, pero que resurgió a tan solo 80 metros, en la antigua sala de heavy metal y rock duro We Rock. Una nueva sala que, tal y como se expresa en supágina web, se abre a un sinfín de estilos musicales: jazz, flamenco, punk, latin, soul, swing, pop, blues…
En el distrito de Chamberí, en la Calle de Galileo, la sala Galileo Galilei funciona desde 1985 como un espacio que ofrece espectáculos variados y música ecléctica en el interior de un antiguo cine de estilo heleno. «Si los escenarios hablaran… contarían anécdotas de los comienzos de muchos de los artistas consagrados en la actualidad», escriben sus dueños en la presentación de la sala.
Son muchos los escenarios de la música independiente: la que está fuera de la industria musical consolidada, la que se disfruta más en vivo. En esta sección, visitaremos algunos de ellos e intentaremos acercarnos a la historia de estos lugares en los que, desde hace décadas, se reúnen músicos de los más diversos estilos para ambientar la noche madrileña.